Quisiera poder dar algo a cada uno de ustedes, siempre he sido ese tipo de personas que se la vive dando consejos, a quien quiera que se deje escuchar. Ahora al asomarme entre las ramas me parece ver gente, individuos interesantes, seres pensantes, sensibles a la vibración de mis letras, habrá que andar con cuidado al escribir.
Tratar de mantener el lenguage en un grado de simplicidad óptimo debe ser nuestro pináculo, y a manera de estimular la audiencia: deja saber a todo el mundo que se han ganado una suscripción de un año a "nuestra opinión". Es el primer consejo que me viene a la mente por su aplicación general en el medio.
Empiezo a notar patrones, tomo notas al ritmo de un corazón mal oxigenado: Yo soy como un niño pequeño, tú eres como una niña pequeña, érase una vez en la vida de los dos... Al escribir siempre imagino dirigirme a la atención de una mente femenina por alguna extraña razón. Al final de cuentas es sólo yo tratando de captar la imaginación de alguna. Así como parcializada está mi posición sería mi meta lograda haber dejado una buena impresión. Proyectándose siempre entre letras cuan falto me encuentro ya de cariño, sin ostenciones siquiera ya de aparentar fortalezas. Mientras autocensurarse se convierte una obsesión de lo más antiproductiva, la sola idea de exponer mis complejos colectivos así como involutariamente al inquisidor juicio femenino, me pone helada la piel. Pausa de 15 minutos, ponderando si la última oración verá la luz como parte del blog, o si sobrevivirá a la post-producción. Como en un malabar de oraciones elaboro y deshecho uno tras otro pedacitos de mi limitada inspiración. Si tan solo me dejaras descansar por un momento mi mente sobre tu regazo, mi visión se volvería ilimitada, para tí sin edición.
Esperando por una dulce señal de alivio, voy dejando mis recuerdos a su gentil disposición.
